Posteado por: abogados divorcios Zaragoza | enero 22, 2015

LAS EPILEPSIAS ¿CUÁNDO NO SE PUEDE TRABAJAR?

La epilepsia es una palabra derivada del griego, que viene a ser el equivalente de sorpresa, probablemente por ese carácter sorpresivo y brusco con el que desarrolla una sintomatología florida, alarmante y arriesgada, que con el paso del tiempo va a ir configurando una grave secuela: la personalidad epiléptica.

El doctor Vallejo-Nájera refiriéndose al ataque epiléptico lo define como un fenómeno clínico de sintomatología diversa que incide bruscamente en el sujeto, y que está motivado por una descarga de actividad neuronal que se acompaña de una fenomenología eléctrica.

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE ESTA ENFERMEDAD?

La clasificación de la epilepsia con vistas a su repercusión sobre la capacidad laboral puede distinguir diferentes clases como son: las traumáticas, genéticas, neonatales, causas orgánicas o funcionales derivadas de otras enfermedades que atacan o repercuten en el cerebro, pero también por su carácter general o focal según impliquen a la mayor parte del cerebro o a regiones específicas del mismo.

El problema de las epilepsias es complejo cuando se enfoca desde la incapacidad laboral y los tipos de invalidez que puede producir.

No es posible hablar de epilepsia en general como proceso incapacitante ya que las alteraciones cerebrales que originan las epilepsias pueden tener localización y repercusión funcional.

La epilepsia en relación con la capacidad laboral hay que entenderla de acuerdo con dos factores básicos la gravedad de los síntomas y la frecuencia de los episodios pero hay otros elementos secundarios como son los agentes relacionados con las crisis y la constitución psíquica del individuo.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

El diagnóstico no suele ofrecer ningún tipo de dudas cuando se hace con un encefalograma, si el diagnostico fuese puramente clínico podría prestarse a error ya que frecuentemente hay que distinguir entre crisis histéricas y epilépticas.

El problema se complica más si tenemos presente que si la epilepsia se asienta sobre una personalidad histérica los síntomas se pueden confundir, superponer o enmascarar pudiendo resultar casi imposible distinguir cuando el sujeto está bajo una crisis histérica o epiléptica.

VALORACIÓN MÉDICO LEGAL

Crisis del Gran Mal: son las que se vienen denominando como crisis generalizadas y representan al típico ataque epiléptico donde este pierde el conocimiento, cae al suelo entre sacudidas o convulsiones, produciéndose frecuentemente lesiones por la caída y mordedura de lengua.

Tras la fase de perdida de conciencia, la recuperación se produce lentamente con un estado de estupor, desorientación y amnesia, que en conjunto configura el síndrome del llamado estadio crepuscular por su parecido a esa desorientación con que a veces se despierta el enfermo tras un sueño prolongado en la noche apareciendo confusos los límites de la realidad y el sueño, desconociendo en qué lugar estamos, quiénes somos y en qué fecha y lugar vivimos.

El modo súbito de presentarse la crisis la pérdida de conocimiento, es un importante factor de riesgo para el enfermo o para terceras personas.

Si estuviese conduciendo un vehículo publico el riesgo seria extensivo a los ocupantes.

Pero el peligro de la crisis no termina ahí sino que posteriormente y cuando empieza a recuperarse se produce ese estado de estupor y desorientación, donde el campo de la conciencia es muy estrecho, y el individuo ya recuperado puede incurrir en algún tipo de imprudencia como consecuencia de la falta de lucidez.

Todo esto hace que sea incompatible con determinados tipos de trabajos, concediéndose un gran número de incapacidades totales de carácter profesional y solo en los casos más graves la incapacidad permanente absoluta.

CRISIS DE PEQUEÑO MAL

Se puede definir como una situación de ausencia breve de todas las funciones psíquicas manteniendo el equilibrio y la conciencia aunque esté inactivada.

El individuo se queda fijo en un punto, no hace ningún movimiento, no habla esta ausente para después regresar a la normalidad no quedando habitualmente más estadio residual.

En los supuestos que estas crisis se hagan muy frecuentes puede llegar a constituir una incapacidad permanente por el riesgo que implica para su persona y para terceros siendo incompatible con muchas profesiones como conductores, pilotos, cirujanos, trabajos en altura.

José Alberto Andrio


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